KIRCHNERLANDIA

La Nueva Provincia - 16-Ago-09 - El país
CRONICAS DE LA REPUBLICA
El país de Kirchnerlandia
por Eugenio Paillet
Definitivamente, el 28 de junio parece no haber ocurrido, para los Kirchner. En todo caso, si efectivamente existió, ellos ganaron la elección, y no la perdieron, como efectivamente cantaron los datos de las urnas. Una visión no tan retorcida de los hechos permitiría advertir que, para el matrimonio de Olivos, en última instancia, lo que sea que haya ocurrido ese domingo encierra una magnífica oportunidad para reforzar las marcas, anunciar al mundo que nada cambió, y que, en todo caso, si es necesario, hay que salir nuevamente a explicar las bondades del plan económico que pusieron en marcha en 2003, porque, lamentablemente, los ciudadanos no terminaron de entender de qué les estaban hablando.
Todo es posible en el país de los Kirchner. El ex presidente ha vuelto al ruedo con lo peorcito de su repertorio de improperios y falsas posturas de pastor evangélico. Cristina presentó como un gesto magnánimo lo que, en verdad, fue un total descalabro de una administración que se mueve según los diarios del día, como fue la puesta en marcha y posterior retroceso del descomunal tarifazo en las boletas de luz y gas, que casi le cuesta la cabeza al ministro Julio De Vido. Y que, en verdad, tiene un origen muy puntual: el temor a un cacerolazo nacional que se vendría inexorable, si se avanzaba con esa medida que terminó por afectar, también, a los sectores de menores recursos.
Por el mismo andarivel, Aníbal Fernández anduvo haciendo malabares para explicar lo inexplicable: que el gobierno rescatará al fútbol del borde del precipicio, pero lo hará con gruesas sumas de dinero que antes bien podrían haber ido a solucionar los tremendos niveles de pobreza y marginalidad que se registran en anchas franjas sociales, producto del "modelo" que ha aplicado este gobierno, desde 2003 a la fecha.
Pero la fantasía supera cualquier realidad, en el universo oficial. Rápido como la velocidad de la luz, parece haber quedado atrás aquella mezcla de desasosiego y pesadumbre, detectada en las jornadas de retiro que siguieron a la debacle en las urnas, cuando otra vez los fantasmas de la renuncia de Cristina Fernández y la vuelta a marcha forzada a Santa Cruz, para, en el mejor de los casos, intentar una candidatura de Néstor a la gobernación, invadieron los aposentos del matrimonio gobernante. Ese estado de ánimo ha sido cambiado, en los últimos días, según la confesión de uno de los hombres del entorno, por una visión mucho más optimista de los hechos.
¿Qué ocurrió? Lo primero que hay que decir, antes de avanzar, es que la oposición ha contribuido, especialmente con su comportamiento de esta semana en el Congreso y en la escena misma de la política, a engrandecer esa idea de los Kirchner de que, tras el cimbronazo inicial, lo mejor para ellos está por venir, y que por eso hasta no es descabellado imaginar ahora a Néstor candidato presidencial en 2011.
O a Cristina doblando cada una de las apuestas que se le presentan, como el plan contra la pobreza que lanzó pomposamente el viernes, destinado a los habitantes del Conurbano bonaerense, que fueron, en buena medida, los responsables de la derrota de Kirchner en esos mismos territorios. "Estas son las ondas de amor y paz que lanza Néstor: ponemos la otra mejilla", habló, irónico, el diputado Carlos Kunkel.
Néstor Kirchner volvió esta semana a las caminatas barriales que jalonaron su tránsito por la campaña electoral pasada. Lo hizo con el mismo discurso desafiante, rencoroso, vengativo, que caracterizó aquellas jornadas. Y le agregó una dosis de aquello que, en el gobierno, dan por hecho y que la oposición, de nuevo a la carrera detrás de los acontecimientos, ha comenzado a sospechar. Dijo que dialogar no es arrodillarse ni mucho menos renunciar a los principios. Y prometió profundizar el modelo y proponerlo a la sociedad como alternativa en los tiempos futuros. "Hay que convencer más, predicar más", repitió, en tono severo, ante un auditorio fácil, como los seguidores de Hebe de Bonafini.
Una de las tantas traducciones que podrían hacerse de esas palabras fue encontrada, después de esa aparición, en uno de los hombres que más conocen el pensamiento de Daniel Scioli. El gobernador sabe de antemano la jugada que intenta Kirchner para 2011, y por esa razón decidió abandonar su sueño en esa dirección y reforzar lo que ya era un secreto a voces en La Plata y en los despachos del Congreso o la Casa Rosada: peleará su reelección como gobernador provincial.
Un hombre del viejo peronismo que sigue de cerca toda la zaga reconoció que los Kirchner van a doblar la apuesta y que el ex presidente, efectivamente, intentará reemplazar a su esposa. "Al Ruso hay que correrlo para el lado que dispara, porque si salimos a decirle que su turno ya pasó, es capaz de incendiar todo y de arrastrarnos a todos en esa locura", se sinceró, brutalmente, el veterano dirigente justicialista.
La pregunta, a estas alturas, es cómo no podrían los Kirchner y sus adulones suponer que otra vez bailan sobre cubierta firme, como si nada hubiese pasado el 28 de junio, si se mira, a la vez, el comportamiento de la oposición. La Unión Cívica Radical, ¿descubrió recién ahora, impregnada de candor, que el diálogo político convocado por Florencio Randazzo era sólo una foto y una maniobra del kirchnerismo para ganar tiempo y salir del porrazo electoral del 28 de junio? Con rubor, terminaron por dar la razón a Elisa Carrió, que advirtió desde el vamos de qué se trataba la estrategia soterrada del matrimonio de Olivos: entretener a la tribuna, ganar tiempo y salir con más autismo y soberbia que la que los ha acompañado en todos estos años.
En todo caso, habría que prestar atención a una frase de Francisco de Narváez, que podría estar direccionada a salvar su propia ropa, porque fue de los primeros en aceptar la convocatoria al diálogo, antes que a justificar una realidad que muchos veían venir, pero que pocos se animaron, salvo la líder de la Coalición Cívica, a denunciar en su momento. "La convocatoria de Randazzo fue sincera, lo que pasa es que después apareció Kirchner y ordenó romper todo". Es probable que algo de eso haya ocurrido.
El senador radical mendocino Ernesto Sanz ya dio por perdida la votación de esta semana en el Senado, por las facultades delegadas. Suelto de cuerpo, admitió que "esto no es la 125", y hasta justificó, como varios de sus pares, que conceder a Cristina Fernández, por un año más, la posibilidad de manejar partidas a su antojo y sin control alguno parlamentario es casi un mal necesario. Conclusión: nadie se imagina un final peleado en la Cámara Alta ni mucho menos un escenario de desempate a cargo del vicepresidente Julio Cobos, como en aquella oportunidad en la que clavó en la historia política argentina su voto no positivo.
Hasta los propios oficialistas se sorprendieron de su contundente victoria en Diputados, donde reunieron una mayoría holgada para dar media sanción a la prórroga de las facultades. "La verdad es que esperábamos una mayor oposición", se sinceró, extrañado, el diputado Edgardo Depetri, uno de los que con más fiereza y un discurso flamígero defendieron, en el recinto, la aprobación de esa ley.
Un dato que no dejó de llamar la atención: pese a la euforia que había ganado a la oposición después de las elecciones, y a la supuesta salud crítica del kirchnerismo tras ese revés, esta vez no pudieron llegar ni siquiera a los 108 votos con los que aquel proyecto de Felipe Solá para bajar las retenciones, discutido en marzo pasado con ausencia del oficialismo, hizo temblar a Agustín Rossi y a la Casa Rosada.
La centroizquierda despotricó como pocas veces contra las facultades delegadas, pero terminó votando a favor. Lo mismo que los cinco diputados que responden a Mario Das Neves, que ha sido, en estas semanas posteriores a las elecciones, uno de los más duros críticos de Kirchner y del gobierno de Cristina Fernández.
Lo dicen hombres del gobierno, pero lo reafirman algunos datos de esa realidad que se pinta, y otros que han surgido a la luz: el de hoy es, casi, el escenario perfecto para los Kirchner. La oposición sigue errática y, en muchos casos, dada al ejercicio de duros malabares para evitar rupturas, como el que ocurrió, días atrás, durante un acto en La Plata, entre De Narváez y Solá. Carrió fue tildada de incendiaria por algunos de sus ex correligionarios, por su prédica dura y pura contra el matrimonio gobernante. Pero todos terminaron por ir al pie de la dirigente.
En ese mundo perfecto, no es de extrañar lo que ha ocurrido. Kirchner decidió reforzar sus caminatas barriales por la Capital Federal y algunos sectores del Conurbano. En esas y otras apariciones, dirá que no hay otro camino, para los argentinos, que seguir apostando al modelo que encarna junto con su esposa. Y que debería tener un correlato con la continuidad al frente de la Casa Rosada, dentro de dos años y medio.
El ministro Randazzo insistirá con una ronda de diálogo político que, claramente, está destinado a ganar el tiempo, cuando no a perderlo, con la sola idea de informar a sus interlocutores sobre los planes oficiales para avanzar en una reforma política incierta y difusa, en la que ya ni siquiera la idea de plasmar un saludable sistema de internas abiertas, obligatorias y simultáneas, para la elección de candidatos, parece ser el caballito de batalla del comienzo.
Cristina Fernández persistirá con la ronda de diálogo con gobernadores provinciales, a los que, hasta ahora, ha entretenido con cifras irreales sobre los fondos transferidos desde la Nación y advertencias sobre la imposibilidad de acceder a los innumerables reclamos de mayores partidas que ha recibido de todos quienes pasaron por su despacho. ¿Los gobernadores? Bien, gracias. Ni una queja, sólo frases de circunstancias.
La presidenta y su esposo acaban de ordenarle a Agustín Rossi que apure el siguiente mandoble que planean asestar a la timorata oposición parlamentaria, que es el impulso al proyecto de ley de Radiodifusión, que muchos daban prácticamente por muerto, después de las elecciones pasadas.
Y los intendentes del Conurbano bonaerense han sido arriados otra vez a la Casa Rosada, para anunciarles un plan de creación de empleo a través de cooperativas barriales, para lo cual deberán jurar nuevamente fidelidad a la causa, antes de pensar en recibir un peso. El viernes, que fue cuando ocurrió todo, hubo asistencia perfecta de los barones del Conurbano, los mismos a los que Kirchner había tildado de traidores. Aquí no ha pasado nada y todos persisten en vivir en el país de kirchnerlandia.
En cambio, no hay señal alguna de que, por ahora, se planee convocar al Consejo Económico y Social, que había prometido Cristina Fernández el 9 de julio, desde Tucumán, cuando todavía las subterráneas intenciones del matrimonio de patear todo hacia delante y dedicarse a ganar tiempo eran apenas un mal pensamiento de los opositores que no los quieren. Mucho menos esa eventual convocatoria, si es que se produce, incluirá a los partidos políticos, que fue uno de los reclamos de los ahora cada más desdibujados vencedores del domingo 28 de junio.
Conviene detenerse en Daniel Scioli. Por un lado, el gobernador puso algún freno al operativo despegue de la Casa Rosada que había iniciado desde que se presentó en la Sociedad Rural de Palermo, para reunirse con la Mesa de Enlace. Los Kirchner se encargaron de volverlo a la realidad, y, por caso, le refrescaron, horas atrás, la dependencia absoluta que tiene su administración de los fondos de la Nación. Consecuencia: o Scioli se disciplina nuevamente y echa por la borda aquella premisa de no aparecer en una sola foto más junto a Néstor, o la Provincia y sus habitantes empezarán a sentir el rigor del cerrojo a las remesas de fondos hacia una administración en rojo crítico, por el déficit de sus cuentas fiscales.
Scioli ya ha dicho a sus laderos algo que se venía venir y que sabían en su entorno y su administración y más allá también: abandonará su sueño presidencial y se dedicará a trabajar por la reelección en la Provincia. Una curiosidad la aportó una fuente inmejorable de sus cercanías: una porción de esa decisión tiene que ver con el conocimiento que el gobernador ha tomado de los planes de Kirchner para 2011. El ex motonauta sabe que no tiene margen para interferir con esa movida, por descabellada que parezca, pero, al mismo tiempo, se mantendrá fiel a su precepto de nunca colisionar contra los Kirchner, aunque deba tragarse más de un sapo.






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