sábado, 21 de enero de 2017

TRUMP Y MACRI

Panorama político nacional de los últimos siete días Trump y Macri: dos outsiders frente a la corrección política El inicio del período presidencial de Donald Trump en Estados Unidos inevitablemente implica la apertura de un nuevo escenario mundial, por el momento lleno de incógnitas, en el que Argentina deberá moverse. La perplejidad ante el fenómeno Trump no es una exclusividad local. Más allá de las corrientes ideológicas que – más por prejuicio que por conocimiento- dan por sabido cuál será el comportamiento del inminente jefe de la Casa Blanca, estadistas y estrategas políticos y empresariales contienen la respiración y se mantienen a la expectativa. Los ministros de Mauricio Macri que asisten en Davos a la sesión anual del Foro Económico Mundial pudieron comprobar esa mezcla de inquietud e incerteza en la mayoría de los asistentes a ese encuentro de elite. Contra Washington El discurso de asunción del flamante presidente –una pieza corta, de frases breves, efectistas y efectivas- marcó una continuidad consecuente con la campaña que lo llevó a la Casa Blanca. Si alguien sospechaba que Trump iba a cambiar su estilo y su mensaje súbitamente, ese alguien se sentirá decepcionado. Los adversarios acérrimos del mandatario están conformes: Trump confirmó en principio los rasgos que los hacen aborrecerlo (y temerle). Habló con lenguaje llano y franco, sin concesiones a la “corrección política”. Cuestionó sin pelos en la lengua a “Washington”, es decir a la elite tecnoburocrática y política a la que responsabilizó de haber permitido “una carnicería” social y económica en perjuicio de trabajadores, productores y clase media estadounidenses, el público al que prioritariamente se dirige. Reiteró su promesa de recuperar inversiones y empleos. Aseguró que “restauraría” la grandeza de su país y confirmó un rumbo proteccionista. Convocó a la unidad, pero ignoró a los partidos políticos (tanto a demócratas como a republicanos). De la política argentina hubo dos testigos directos del discurso: el embajador Martín Lousteau (de quien se había asegurado erróneamente que antes de ese instante habría cesado en su cargo) y el opositor Sergio Massa. El gobierno de Macri (que había expresado su apoyo electoral a la señora Hillary Clinton) no envió ningún representante especial aunque aguarda discretamente un encuentro entre ambos presidentes que ocurriría en mayo, en Washington. Macri había establecido un vínculo cordial con Barack Obama, un líder políticamente correcto que deja el cargo favorecido por las encuestas y los medios. Proteccionismo y economía mundial Las diferencias entre Trump y Obama, son muchas pero quizás la más notoria resida en un rasgo del primero: su imprevisibilidad. Obama, político profesional con una carrera a sus espaldas, aparecía como un personaje c alculable y cauteloso. Trump, un outsider, sólo puede ser medido por su estilo ejecutivo y controversial, su caudalosa retórica en Twitter y su trayectoria como hombre de negocios y figura de la comunicación. En cualquier caso, la previsibilidad de Obama tuvo sus límites. Véase, por caso, un punto en el que se roza con Trump: en su condición de candidato desafiante de George Bush, ocho años atrás, Obama proponía renogociar acuerdos comerciales (como el NAFTA) para defender el empleo industrial de los estadounidenses. Que hoy su sucesor sostenga el mismo objetivo indica que Obama no cumplió aquella promesa y, probablemente, señala que no es tan sencillo (jurídica, política y económicamente) pasar de las palabras a las cosas. Ahora Trump deberá calcular, desde la Oficina Oval, cuántos compromisos internacionales está dispuesto a romper, cuál es el costo político de hacerlo, con qué capacidad de retaliación cuentan sus socios que se sientan afectados y, en definitiva, cuál es el balance de pérdidas y ganancias para las empresas norteamericanas que determinaría una quiebra de las cadenas de suministros y de valor internacionalmente integradas sobre las que operan. Muchas de sus ideas no se resuelven por decreto, sino que requerirán apoyo del Congreso (donde hasta entre el bloque más afín, el de los republicanos, se reclutan encarnaciones típicas del “Washington” que él vitupera). Hay objetivos más fáciles de cumplir que otros. Puede (ya ha empezado a hacerlo) comenzar la desarticulación del plan de salud que puso en marcha Obama, pero necesitará consensos parlamentarios para poner en pie un plan de reemplazo. Puede continuar el muro que corre ya por unas ochocientas millas de frontera con México, reiniciado dos décadas atrás por Bill Clinton y prolongado por sus sucesores; y puede también expatriar extranjeros (Obama mismo expulsó más de dos millones de mexicanos en su período) con menos obstáculos que los que encontrará en un desafío a la integración económica mundial que las firmas estadounidenses protagonizan. Sin duda el nacionalismo que expresa Trump con su principal lema (“Hacer grande a América”) y que le permitió encarnar el sentimiento del Estados Unidos profundo va a colorear su presidencia. Pero es posible que deba contener la aplicación de las recetas que propagó en las vísperas. Probablemente la realidad lo obligue al gradualismo. Causas del gradualismo El gradualismo no es un monopolio del gobierno deMauricio Macri. Se llega al gobierno con ciertas ideas y después hay que acomodarlas a las circunstancias que plantea la realidad. Esta semana, Macri desplazó de sus equipos (presidencia del Banco Nación) a Carlos Melconián, el economista más destacado y el que mejor parecía representarlo en tiempos de la campaña electoral. Irónicamente, su desplazamiento ocurre días después del alejamiento de Alfonso Prat Gay, un colega que ocupó en primera instancia el Palacio de Hacienda, al que Melconián parecía predestinado un año atrás. Uno y otro fueron apartados en nombre del gradualismo y del “espíritu de equipo”, dos condicionamientos a los que el gobierno se somete respetuosamente. El “espíritu de equipo” es la terminología con que la Casa Rosada llama al disciplinamiento. Ni Melconian, ni Prat Gay, ni la apartada jefa de Aerolíneas Argentinas, Isela Costantini se inclinaban religiosamente ante los ucases de la superioridad de Balcarce 50; cumplían con eficacia su labor pero sostenían sus propias opiniones divergentes. No deja de ser irónico que el gradualismo, con el que la Casa Rosada aspira a “hacer política” ante la reivindicación de los sectores laborales, se llevara puestos a dos funcionarios (una alta ejecutiva y un economista etiquetado como neoliberal) que exhibieron hasta el final de su gestión un fuerte respaldo de trabajadores y gremios a su cargo. El gradualismo de Macri quizás precede al de Donald Trump, cuya política sin embargo, con o sin gradualismos, pasa a convertirse en un condicionante significativo de la estrategia argentina. Los enviados de Macri al Foro de Davos trataron de promover la inversión en la Argentina y el interés por el país. También tomaron nota de quién fue el principal orador de este año en ese gran escenario del capitalismo y la globalización: el presidente de China, Xi Jinping. Telegrama a Trump y una notificación al mundo: si Estados Unidos provoca daños al protegerse y cerrarse, no por ello la globalización cesa. Otros parecen dispuestos a tomar el testimonio. Jorge Raventos

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Pacificación Nacional Definitiva: LOS CEPOS DEL JUEZ KREPLAK: 1º de julio de 2015, el Senado de la Nación trató en audiencia pública el pliego para la designación del doctor Ernesto Kreplak como juez f...

Y LA NAVE VA

clip_image002 Y la nave va … “El destino de nuestros nietos no cuenta nada cuando se lo compara con el imperativo de que mañana aumenten los beneficios”. Noam Chomsky Ayer a mediodía, el mundo cambió por el impacto de un fenómeno cuyas consecuencias aún son una incógnita para muchos, pese a haber escuchado el discurso de asunción de Donald Trump, por la sorprendente integración de su gabinete. De todos modos, ya hay alguna certeza: el nuevo mandatario norteamericano ha generado en su sociedad una fractura que mucho se parece a la grieta que aquí construyeron los Kirchner; también son idénticos su populismo, su relación con la prensa y, sobre todo, su megalomanía. Pero algo hay que reconocerle: logró expresar el resentimiento del interior profundo contra la globalización de la economía mundial. Y en eso resulta posible coincidir, a poco que pensemos en los rasgos que la han marcado en las últimas décadas: la monstruosa concentración de la riqueza en pocas manos (ocho hombres tienen tanto dinero como la mitad de la humanidad) y, sobre todo, el anonimato del capital. Que ese resentimiento se produzca cuando el país tiene la menor tasa de desempleo en años no fue óbice para que el magnate viera frustrada su carrera hacia la Casa Blanca. El paquete accionario de control de la principal empresa del mundo en producción de bienes tangibles (General Electric) equivale sólo al 2,5% de su capital; el resto se encuentra atomizado en manos de carpinteros alemanes, agricultores italianos, ricos chinos, compañías japonesas, fondos de inversión, etc. Y esa situación se repite en la enorme mayoría de aquéllas que cotizan en las bolsas de valores de todo el mundo. Los capitales se mueven por el mundo a la velocidad de las transacciones cibernéticas, sin importar en absoluto cuáles sean los efectos que esa migración produce en los países. Esa situación hace que los presidentes de las compañías –los famosos CEO’s- y sus ejecutivos sean meros gerentes, a los cuáles sólo se les exige cumplir una regla: generar beneficios; cuando no lo hacen, y aún con ingentes indemnizaciones, son despedidos sin piedad por las asambleas de accionistas. A partir de esa máxima, dejó de tener relevancia alguna el lugar en que se encuentran las plantas fabriles, y éstas son trasladadas a países con costos laborales inferiores y con sistemas impositivos más beneficiosos para el capital. Si, para cumplir el objetivo, resulta indispensable sumir en la pobreza a las personas que trabajaban en las fábricas abandonadas, se lo considera “daños colaterales” y, por supuesto, perfectamente admisibles. El ejemplo más paradigmático es la ciudad de Detroit, en Michigan, otrora capital mundial de la industria automovilística: hoy está abandonada y en ruinas, literalmente quebrada por las deudas, arrasada por el desempleo, la miseria, la violencia y la drogadicción. Y todo esto se produjo porque las grandes automotrices se radicaron en otras latitudes, se llamen Japón, China, Corea, etc., para vender en Estados Unidos. Donald Trump ratificó ayer que hará lo que dijo en su campaña electoral: imponer el proteccionismo a la economía de su país, de la mano del “compre americano”; varias empresas, que tenían planes de inversión en México, se curaron en salud y, aún antes de su asunción, los suspendieron o, lisa y llanamente, los cancelaron por el temor que generó la imposición de gabelas de importación que las sacaría del mercado. Esa vuelta a atrás en la apertura económica, que lo hizo reiterar que abandonará los grandes acuerdos de libre comercio –NAFTA, en especial, pero también las negociaciones del Transpacífico- implicará, necesariamente, un aumento en las tasas de interés mundiales, forzadas por unos Estados Unidos transformados en una verdadera aspiradora de fondos, y los países emergentes –como en el nuestro- verán encarecerse su endeudamiento y crecerán las dificultades para exportar productos industriales al mayor consumidor mundial. El otro aspecto del monumental movimiento tectónico que se registró ayer son las relaciones internacionales de la mayor potencia militar del globo. Trump ha reconocido informalmente a Taiwan, y anunciado que limitará los intentos de China de extender su soberanía al mar que rodea su oriente cercano y su sudeste. Beijin, como era previsible, reaccionó oficiosamente planteando la posibilidad de un conflicto bélico que, de producirse –estudios de la Universidad de Harvard lo consideran probable- arrastrará al mundo todo y hasta podría poner en peligro su supervivencia. El nuevo Presidente, por lo demás, ha reafirmado su simpatía con Vladimir Putin, a quien debe entenderse como la expresión de una sociedad de enorme raigambre zarista, como lo fueron desde 1917 todos los jerarcas soviéticos. La idolatría nacional por sus líderes resulta un elemento fundamental para comprender el por qué del respaldo a las actitudes más alocadas o criminales de éstos, y aún al perdón por los fracasos económicos que llevaron a la caída de la URSS. Cómo se darán las relaciones entre las tres potencias (EEUU, China y Rusia), a la luz de las diferentes alianzas que podrían forjarse entre ellas en pos de la hegemonía es la gran incógnita de los próximos años. En cuanto a la región, sin duda el hecho más resonante de la semana fue la muerte de Teori Zavascki, integrante del Supremo Tribunal Federal de Brasil y encargado de la supervisión de las investigaciones del Lava Jato, el escándalo de corrupción que está manteniendo en vilo a los políticos y empresarios brasileños, que ha llevado a muchos de ellos a la cárcel y que tiene repercusiones en muchos países. En particular, el Juez muerto estaba dispuesto a convalidar los acuerdos de “delación premiada” de más de setenta ejecutivos de Odebrecht, incluido su Presidente, que significarán un nuevo huracán en nuestro castigado vecino. Inmediatamente surgieron, aquí y allá, todas las sospechas sobre ese tan oportuno fallecimiento, amplificadas por el segundo aniversario del asesinato de nuestro Fiscal Alberto Nisman. Más allá del contenido de las cajas negras del avión siniestrado, las dudas se disiparán si el propio Supremo Tribunal designara a otro de sus miembros para asumir el rol de Zavascki y, en cambio, se incrementarán si se decidiera esperar a que el denunciado Presidente Michel Temer nombre, con el acuerdo del tan desprestigiado Congreso, a quien deba ocupar su lugar. El equipo económico del Presidente Mauricio Macri pudo exhibir esta semana algunos logros significativos: la gigantesca oferta de fondos internacionales para su emisión de deuda, el reconocimiento de Davos a la gestión y las consiguientes expectativas de inversión, el cambio del disidente Carlos Melconian (que ratificó su alineamiento con el Gobierno) por el economista Javier González Fraga para impulsar el crédito hipotecario, y los incipientes acuerdos de incrementos salariales por productividad. No es poco, aunque el clima haya producido novedades desagradables para las cosechas. El anuncio de un gigantesco plan de obras públicas (180 mil millones de pesos) que se pondrá en marcha de inmediato traerá aparejado el crecimiento del empleo y una reducción en los costos de transporte, que tanto atentan contra nuestra economía. Bs.As., 21 Ene 17 Enrique Guillermo Avogadro Abogado Tel. (+5411) ò (011) 4807 4401/02

jueves, 19 de enero de 2017

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miércoles, 18 de enero de 2017

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