sábado, 10 de diciembre de 2016

DESTIÑE

Panorama político nacional de los últimos siete días Se altera el color de la Casa Rosada El Presidente ha llamado “impostor” a uno de los líderes de lo que sus propios funcionarios han designado como “la oposición racional”. El jefe de gabinete, Marcos Peña designó al mismo dirigente (Sergio Massa) como “el político menos confiable”. La Casa de Gobierno luce alterada. Los ataques contra la oposición son reacciones porque la Cámara de Diputados (evidenciando, como solía reclamársele, que no es una escribanía del Poder Ejecutivo) dio media sanción a un proyecto que reforma el impuesto a las ganancias con criterios diferentes a los del oficialismo. "¿Cómo (Macri) no va a estar enojado, si después de todos los gestos que tuvo con él, Sergio le paga juntándose con el kirchnerismo y armando un proyecto que pone palos en la rueda en el final del año?", argumentó al diario Clarín un miembro del “entorno presidencial”. Ese razonamiento merece ser examinado. En primer lugar, lo de “juntarse con el kirchnerismo” es algo que el mismo oficialismo se preparaba a hacer. El presidente de la bancada del Pro, Nicolás Massot, estimó la posibilidad de una coincidencia en este tema con el bloque K ("Es posible, no sería la primera vez") y admitió que había conversado “de manera muy amable” con Axel Kicillof ("una persona distinta a la que me imaginaba"). Se trataba de una actitud plausible: a su bloque no le alcanza el número propio para avanzar sin la aprobación de otros. En esa situación están todas las fuerzas de la Cámara. Ninguna tiene un número que le garantice autonomía plena, todas deben buscar acuerdos. Las más de cien leyes que aprobó el Congreso en este período legislativo fueron frutos del acuerdismo. En segundo lugar: fue el Poder Ejecutivo el incluyó el tema del impuesto a las ganancias en las sesiones extraordinarias. En rigor admitió in extremis el tratamiento del tema pues, aunque había de por medio un compromiso de campaña, pretendía postergarlo hasta el año próximo. Cuando la oposición exhibió una decisión unificada y numéricamente suficiente para no postergarlo, se avino y apostó sus fichas a frenar la iniciativa impulsada por renovadores y poskirchneristas a través de conversaciones con gobernadores peronistas o, eventualmente, a modificar y atemperar aquella iniciativa opositora en acuerdo con alguno de los bloques del arco opositor (fuera el massismo, el poskirchnerismo o el kirchnerismo de Kicillof). La decisión de confrontar Sin embargo, el oficialismo legislativo recibió la instrucción de envolverse sin concesiones en el proyecto propio. Joaquín Morales Solá, un columnista bien informado sobre los designios oficiales, constató: “Por primera vez el Gobierno se negó a negociar su proyecto(…) ¿Qué pasó para que no hubiera espíritu de acuerdo esta vez?”. Pese a no compartir el proyecto aprobado por la Cámara Baja, el ex ministro de Economía radical José Luis Machinea, señala que “sin duda el Poder Ejecutivo tiene una clara responsabilidad. En primer lugar, demoró en exceso el envío del proyecto al Congreso y, en segundo lugar, envió un proyecto a sesiones extraordinarias sin evaluar políticamente la posibilidad de aprobarlo. Inexplicable para un gobierno que tiene minorías en ambas cámaras. Un error político con costos mucho mayores que en otras ocasiones”. Quizás no se trató de un error involuntario, sino de una decisión. Parece claro que el Poder Ejecutivo decidió privilegiar una estrategia electoral de confrontación y polarización a su construcción político-legislativa de acuerdos y consensos. Ese es quizás el fruto del “retiro espiritual” oficialista de Chapadmalal, que lejos de ser una especie de pijama party de funcionarios, como lo banalizaron algunos críticos, marcó un punto de giro, un posicionamiento hacia el segundo año de gobierno. Así, el Poder Ejecutivo decidió (inclusive a costa de una derrota parlamentaria) responder con hechos a una propuesta que surge desde distintos sectores que le sugieren buscar una política de consensos y acuerdos para fortalecer la gobernabilidad y ofrecer un horizonte previsible hacia adentro y hacia afuera, que facilite las esperadas (y postergadas) inversiones. Esa tesitura adquirió una voz fuerte en el seno de la propia coalición oficialista en la figura de Emilio Monzó. El presidente de la Cámara de Diputados señaló que el gobierno se encuentra en un momento oportuno para introducir cambios y oxigenar la situación política con acuerdos. Desesperación y pérdida de iniciativa Si bien se mira, fueron acuerdos los que le permitieron a Macri gobernar este año y aprobar leyes, algunas de ellas fundamentales. En cambio, fue la unilateralidad la que llevó al gobierno a perder la iniciativa y a sostenerse retrocediendo (un proceso que se inició con el incremento inconsulto de tarifas, cuando perdió en la calle, en el Congreso y en la Corte; y que no se ha detenido). Para Macri, la posición de Monzó “expresa un microclima en el cual vive, que es el de la Cámara de Diputados, que es distinto al del gobierno”. Cuando dijo eso, ¿estaba el Presidente dibujando un conflicto en ciernes entre la Casa Rosada y el Congreso? Las huestes legislativas del Pro han trabajado fuerte (y exitosamente) en la línea de los consensos. Y se sintieron destratadas cuando, por ejemplo, el Ejecutivo modificó por decreto de necesidad y urgencia la cláusula de la ley de blanqueo para permitir que puedan acogerse a él familiares directos de miembros del gobierno. “Tengo que darle apoyo al decreto pero no me pregunten mi opinión personal” se desmarcó, como pudo, la vicepresidente Gabriela Michetti. Es que ese aspecto de la ley había sido una de las llaves para que el Congreso aprobara la ley (Elisa Carrió exigió que los familiares directos no pudieran acogerse y seguramente hablará del asunto cuando regrese de Estados Unidos). Por otra parte es evidente que un decreto no puede reformar una Ley: si el Ejecutivo o algún particular tenía objeciones jurídicas que hacer, debía plantear ante la Justicia su eventual declaración de inconstitucionalidad. Para algunas cabezas de la Casa Rosada los planteos acuerdistas son una reiteración de los que, antes de las elecciones, atribuían al “círculo rojo”, cuando se exhortaba a Macri a acordar con Massa. “Ganamos sin ese acuerdo”, replican con orgullo. ¿El diluvio que viene? Se trata de una mirada sesgada: Macri, en realidad, perdió la primera vuelta ante Scioli y ganó en la segunda con votos de otras fuerzas (principalmente la de Massa) y merced al impulso de una victoria excepcional en la provincia de Buenos Aires. Donde hoy su gobernadora, María Eugenia Vidal, practica una política de acuerdos con el peronismo (massistas y poskirchneristas) contradictoria con la que aconsejan los puristas de la Casa Rosada y ha sumado a un dirigente de ese tronco como ministro de gobierno. Si la destemplada reacción de Macri y de Peña es algo más que un pasajero sangrar por la herida, el gobierno probablemente se esté embarcando en una apuesta aventurada con la ilusión –como ya se señaló en esta columna- de “definir la elección de 2017 en términos de nosotros o el diluvio”, de polarizar con el peronismo y adornar al adversario con la máscara del desprestigiado kirchnerismo. Se consumiría así la mitad de su período en una estrategia confrontativa sin garantía alguna de que pueda impedir el diluvio. La confrontación espanta a los inversores y vuelve problemática la gobernabilidad. Especialmente si las fuerzas parlamentarias propias son insuficientes, la mayoría de los gobernadores son peronistas, la calle es un territorio ajeno, la economía sigue en veremos cuando ya se termina también el segundo semestre y las encuestas empiezan a mostrar caída de expectativas y crecientes críticas a la gestión oficial. Jorge Raventos

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INCORREGIBLES

*”INCORREGIBLES”…¿TODOS? Calendar diciembre 10, 2016 Malú Kikuchi Hace tiempo, Borges le contestó a un periodista que le pidió que definiera a los peronistas, dijo: “no son ni buenos ni malos, son incorregibles”. También hace tiempo, Perón, ante una pregunta periodística sobre a qué partidos políticos pertenecían los argentinos, contestó: “tantos radicales, tantos socialistas, tantos conservadores, tantos…”, la suma de porcentajes superaba el 100%. El periodista lo interrumpió y re preguntó: “¿y no hay peronistas?”, Perón contestó: “bueno, peronistas son todos”. Cayendo en un sofisma, si todos los argentinos son peronistas y todos los peronistas son incorregibles, entonces, todos los argentinos somos incorregibles. ¿Borges y Perón, tenían razón? ¿Seremos incorregibles? El martes 6/12, en la cámara de diputados de la nación se votó, con media sanción, la ley del impuesto a las ganancias. Además del proyecto del ejecutivo, estaba el del FR (Massa), el del FPV (Kicillof), el del PJ “ortodoxo” (Bossio) y algunos otros. El ejecutivo, dijo Kicillof, no quiso negociar. De ser cierto, la actitud suena a Cristina K. Se supone que Cambiemos dialoga. De todos modos, la oposición ¡unida!, con 141 votos, aprobó el proyecto Massa-Kicillof; el ejecutivo se quedó con 86 votos y hubo 7 abstenciones. ¿Los peronistas siempre se juntan si huelen debilidad en el oponente? ¿Incorregibles? Los gobiernos no peronistas, ¿no pueden gobernar en Argentina? Es un poco aburrido por lo reiterado. Ya existe el club del helicóptero esperando la renuncia de Macri, y si no son sólo 4 locos, entonces es cierto que los peronistas, con el nombre que usen, son incorregibles. Pero si es cierto que Macri no quiso negociar, que la ingenuidad de Cambiemos no les hizo sospechar la maniobra (legal y legítima) de los opositores que estaba en marcha, entonces, también los no peronistas son incorregibles. Esa ingenuidad ya es un clásico en la política argentina cuando no se trata del PJ. ¿Ingenuidad o falta de cintura política? El enojo de Macri y los adjetivos en contra de Massa, también tiene olor a gobierno K. Macri no es peronista. ¿O sí? Ahora habrá que ver cómo actúan en el senado. Los gobernadores coparticipan del impuesto a las ganancias, ¿se usará ese argumento para convencer a los senadores de cambiar la ley para que esta vuelva a diputados? Todos los proyectos eran malos. Todos son perfectibles, si se discuten. Salvo que los actores sean incorregibles. El miércoles 7/12, a los 2hs de la madrugada, en los talleres de Metrovías de Colonia, línea H, Matías Kruger, 24 años, operario de la empresa y buen jugador de futsal en Boca, limpiando un aire acondicionado, murió electrocutado. Es el 5° operario que muere de la misma manera. Metrovías dijo que no se respetó el protocolo, lo que es obvio; no se puede trabajar con equipos eléctricos, sin cortar previamente la electricidad. El responsable del protocolo y del taller, Marcelo Cuttri, está detenido. Alguien no cortó la electricidad, Matías no revisó si había o no electricidad. El resultado fue un paro total de todas las líneas de subte y de Premetro. El millón dos cientos mil usuarios diarios de estas líneas de transporte ¿qué responsabilidad tenían en la muerte de Matías? Se quedaron sin su medio de transporte, tuvieron que cambiar a colectivos, trenes, bicicletas o lo que fuera. Muchos no llegaron al trabajo y otros lo hicieron tarde. ¿Por qué? ¿Para qué? Un abuso más. La paciencia de los argentinos no es inagotable. ¿Por qué no manifestar delante de las oficinas de Metrovías? ¿Por qué no trabajar sin cobrar el boleto? No molestarían al usuario y dejarían de aportarle dinero a la empresa. El caos diario en la ciudad, aumentó. A Buenos Aires la han convertido en intransitable. Pero aumentar el caos diario, molestar, despreciar al esforzado trabajador que usa el subte, es indiscutiblemente un método incorregible que usan los incorregibles sindicatos de cualquier gremio. ¿Qué hace el gobierno de la ciudad para manejar estos conflictos? Sería bueno que recordaran que los ciudadanos que intentan transitar una ciudad que se ha vuelto antipática, son votantes. Antes de un año, se vota. ¡Hagan algo, la ciudad está desquiciada y nosotros, también. Reiterando (es casi un sofismo), si todos los argentinos son peronistas y todos los peronistas son incorregibles, entonces todos los argentinos somos incorregibles. ¿Seremos incorregibles? “¿Estamos como estamos, porque somos como somos?”. La respuesta sólo la podemos dar nosotros. P.D.: Sé que no soy peronista, lo que no sé es si soy incorregible.

viernes, 9 de diciembre de 2016

EL LABERINTO

1 AÑO DE MAURICIO MACRI En el laberinto de la 'nueva política' que no aparece El 10/12/2015 comenzó la Administración Macri. Durante las semanas recientes se ha complicado en exceso y sin necesidad. Así como el Presidente se resiste a anunciar un plan económico, a elegir un ministro de Economía y a modificar su gabinete de colaboradores, él considera que no le está yendo tan mal. Probablemente lo primero que debería hacer Mauricio Macri es contemplar menos la foto y más la película, y definir una estrategia más allá de lo cotidiano. Si lo hiciera, el resto sería por añadidura. Macri, en el laberinto. Imagen tomada de 'Diario Alfil'. "Vamos a crecer y a expandir la economía y a los trabajadores les voy a devolver el impuesto a las ganancias para que sólo paguen los que más ganan. La Argentina tiene un futuro enorme, pero necesita un Gobierno inteligente. El actual ha demostrado incapacidad, desprecio al federalismo y ha sido el peor devaluador de la historia". Mauricio Macri, 22/09/2015, Ciudad de San Luis. VIDEO por EDGAR MAINHARD Sábado 10/12/2016, 1 año de Mauricio Macri Presidente con un resultado complicado pese a que él se autocalifique con 8, en una escala de 0 (pésimo) a 10 (excelente). Macri, con una verificable pérdida de imagen positiva y, probablemente, de intención de voto si hoy tuviese que concurrir a las urnas, concluye un 2do. semestre de inferior calidad al 1er. semestre, en especial luego de sufrir varias derrotas legislativas consecutivas, luego de haber destinado un dineral a conseguir apoyo de los gobernadores en el Congreso. Lo más grave que le ocurre a Macri consiste en que, luego de sostener que el eje de su estrategia electoral 2017 pasaba por mantener fragmentada a la oposición, en especial la peronista,&nbs p;concluye 2016 habiendo permitido una exhibición del poder de fuego de la unidad legislativa Frente para la Victoria + Justicialistas + Frente Renovador. No sólo es una contradicción sino un peligroso antecedente de impericia política. Es necesario recordar cómo comenzó este presente de penurias políticas para Macri. Durante la campaña electoral 2015, que llevó a una 1ra. vuelta que ganó Daniel Scioli pero un balotaje que ganó Macri, con el aporte de votos de la mayoría de los electores de Sergio Massa, el actual Presidente se negó con insistencia a cualquier acuerdo electoral con Massa porque Marcos Peña, expresión no sólo de Jaime Durán Barba, también de Grupo Clarín, consideró que una eventual gobernabilidad futura se encontraría garantizada por el apoyo popular, en caso de imponerse Cambiemos, y no por los entendimientos entre dirigentes. Y Macri, quien considera a Peña como una extensión de sí mismo, creyó semejante argumento. La construcción de la gobernabilidad, tan diferente al desarrollo del proselitismo, es subestimada por Macri, descubrió Urgente24 con preocupación en el período final de cierre de listas para los comicios 2015. Esta apreciación no ha cambiado 1 año y 4 meses después. La República Argentina practica una democracia representativa, o sea que el voto popular elige a los representantes de los ciudadanos en quienes delega las decisiones reales. No hay una democracia directa, tal como la imaginan para el mundo del futuro los fanáticos de las redes sociales. El factor institucional es muy importante cuando se evalúa la gobernabilidad. La popularidad emergente de las redes sociales puede resultar engañosa pero, además, es inútil en términos de garantizar la gobernabilidad. Por si había alguna duda, acaba de ratificarlo el nuevo traspié de Cambiemos en el Congreso de la Nación. Pero aquí también hay una contradicción: la gran triunfadora de la elección 2015 fue María Eugenia Vidal, en el territorio bonaerense, el distrito electoral N°1 de la Argentina, y ella sí avanzó en un acuerdo bastante amplio con Massa, exhibiendo un enfoque totalmente diferente al de Macri, aunque ambos integren la alianza Cambiemos. Esta diferencia dejó al descubierto que no hay criterios uniformes en Cambiemos acerca de las políticas de acuerdos, y menos acerca de Massa. En el caso de Macr i, ocurrió algo más grave aún: decidido a mejorar la imagen exterior de la Argentina, en especial ante los gestores de los flujos de inversiones globales, el Presidente inició su mandato visitando el encuentro de invierno (europeo) del World Economic Forum, en Davos (Suiza). En un inicio, Macri imaginó concurrir junto a Daniel Scioli, a quien había derrotado en el balotaje, pero el asunto se presentó bien complejo porque Scioli no ejerce mandato alguno sobre el Frente para la Victoria. Entonces, los colaboradores de Macri pensaron en Massa, quien aceptó acompañar a Davos porque le permitía recuperar protagonismo, luego de no haber podido ingresar al balotaje. Sin duda, era el momento para Macri de comprar barato lo que iba a subir de precio por decisión del propio Macri: la cotización del Frente Renovador. Se imponía un acuerdo de gobernabilidad que, sin duda, hubiese resultado mucho más austero para el Tesoro Nacional que el dinero que consume la estrategia de acuerdos puntuales. Pero la Casa Rosada decidió invertir en Massa, ayudándole a su recuperación política, pero prescindir de cualquier acuerdo porque Macri entendía que no era necesario, cuando Vidal sí lo consideró imprescindible al punto que durante 1 año le obsequió la presidencia de la Cámara baja provincial al Frente Renovador, y en 2017 le concede la vicepresidencia 1ra. y una lapicera en toda decisión de gasto. VIDEO VIDEO Los fracasos Aplicar el Impuesto a las Ganancias a los salarios es una aberración sostuvo siempre Urgente24. El empleador ya tributó sobre ese dinero, y sin duda es una doble imposición por más que el tenedor de los pesos resulte ahora el trabajador: es una contraprestación por su desempeño, nunca una rentabilidad. La Argentina se encuentra repleta de impuestos caprichosos. Es insólito gravar los débitos bancarios. Es estúpido cargarle IVA a las tarifas de los servicios públicos. Es incomprensible aplicar todo el impuesto que pagan los combustibles. Carece de lógica el gravámen a los ingresos brutos. Y apestan numerosas tasas municipales. El problema de fondo trasciende a Cambiemos: los políticos argentinos están enfermos de gasto público. Pero lo que es más grave: carecen de algún criterio de eficiencia en la asignación del dinero de los contribuyentes. Hoy día ninguna actividad comercial que tribute toda la carga fiscal puede ser rentable, a menos que aplique una tasa de rentabilidad reñida con los estándares globales. Pero los políticos o no lo registran o no les importa. En la Argentina es imperioso reducir la carga tributaria porque el origen de la estanflación que no se interrumpe es un desequilibrio fiscal acumulado que siempre se pretende resolver o por emisión o por deuda pública o por impuesto, pero nunca por alivio del gasto y eficiencia en la utilización del dinero. No lo entendió ningún Presidente democrático pero ellos pertenecían a los partidos políticos tradicionales, la 'vieja política'. Cuando Macri, Peña y Durán Barba prometieron la 'nueva política'. Sin embargo, ¿cuáles son las características de 'la nueva política'? Se suponía que traerían un nuevo enfoque sobre gasto público, impuestos y déficit fiscal, algo bastante más interesante que comprarle máquinas a Corea del Sur para imponer el inne cesario y prescindible sufragio electrónico. Para esto era menester un acuerdo de gobernabilidad. Pero la verdad es que Macri perdió el tiempo, erró en el diagnóstico y fue frívolo en la propuesta. Sólo así es explicable la licuación veloz de su capital político. Sin fundamento alguno explicó que una salida inmediata del 'default' garantizaría una lluvia de dólares a una tasa accesible con la cual financiar el déficit fiscal hacia las elecciones 2017 que ganaría y entonces sí lograría una mayoría legislativa propia para realizar los cambios estructurales necesarios. Hoy día esa estrategia se encuentra complicadísima. Pero, además, era falsa: cuando fue Jefe de Gobierno porteño nunca Macri apostó por una menor presión tributaria ni un descenso del gasto. Decidido a mantener elevado el optimismo de los ciudadanos, un voluntarista Macri que persisti ó en no difundir un plan económico, prometió un 2do. semestre de inflación drásticamente menor, y 'brotes verdes' en la actividad. No ocurrió porque no se ejecutaron medidas para ello. Los sindicalistas comenzaron a reclamar la reapertura de la negociación colectiva de trabajo, y Macri les concedió para que cesaran con el reclamo, el pago voluntario y satisfactorio de una voluminosa deuda del Estado con las obras sociales que los Kirchner nunca les concedieron a los sindicalistas para tener siempre algo que negociar. Para completar la negociación apareció el bono de fin de año, que los propios sindicalistas aceptaron frustrar porque consideraron que así estaban a mano con Macri por el pago de la deuda. Ahí aparece una brecha considerable: para Macri, los sindicalistas le deben políticamente; para los sindicalistas, ya le devolvieron a Macri. Pero sucedió algo más: la irrupción en escena de los movimientos sociales, o sea los desempleados organizados, en muchos casos organizaciones clientelares disfrazadas de cooperativas de trabajo, exigiendo participación en la mesa socioeconómica para que no ocurriese un octubre violento. Una extorsión enorme que la Administración Macri no supo/no quiso/no pudo resolver. Los sindicalistas no consiguen entender cómo es que el Presidente le ha prometido el apoyo del Estado a esos grupos -inorgánicos en su mayoría- para organizar obras sociales. Imposibilitado el Ejecutivo Nacional de frenar el dispendio fiscal, entonces apareció lo del ajuste del mínimo imponible de los salarios, la 4ta. categoría del Impuesto a las Ganancias, una bandera de campaña de Macri. Pero, pese a esto, el resultado fue muy negativo para el Presidente que ahora queda obligado a un impopular veto, apenas el Senado confirme lo que aprobó Diputados. No se entiende cómo es que Macri se autocalificó con 8. Pero sí es evidente que él precisa mejorar su capacidad de negociación política, estrategias de mediano y largo plazo tanto para la política como para la economía, y resultados inmediatos en la economía, antes que lleguen las paritarias 2017. Para que Cambiemos tenga alguna posibilidad electoral, marzo debe abundar en 'brotes verdes', cuando comenzarán a definirse las listas de precandidatos. Y, de alguna manera, Macri precisa recuperar la autoridad política, porque de eso trata la gobernabilidad. Si la respuesta es suspender la convocatoria a extraordinarias y congelar el Congreso hasta el período ordinario de sesiones, que comienza el 01/03/2017, sólo estará difiriendo el problema, prolongando la agonía. Macri necesita quitarle el vértigo a sus dificultades. Y necesit a recuperar el control de la agenda porque la Argentina es una república presidencialista. Pero antes tendrá que despojarse de enojos, orgullos y pruritos. Quizá por ahí comience la '

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