domingo, 14 de diciembre de 2008

EL SINTOMA

Máquina de hacer política a tiempo completo y de eficacia indubitable, Néstor Kirchner no sólo no renuncia ni dinamita la idea de una “concertación plural”, sino que sigue apegado a ella, ratificando una tenacidad colosal. Los ejemplos están a la vista.
Por Pepe Eliaschev

NuevoEncuentro 14/12/08


Máquina de hacer política a tiempo completo y de eficacia indubitable, Néstor Kirchner no sólo no renuncia ni dinamita la idea de una “concertación plural”, sino que sigue apegado a ella, ratificando una tenacidad colosal. Los ejemplos están a la vista.
Para conseguir el quórum en la Cámara de Diputados que le permitiera a la residencia de Olivos contar con media ley para blanquear capitales fugados al control fiscal, los Kirchner tuvieron que recurrir a Eduardo Borocotó, criatura política de notable poder simbólico.
Así como otrora se usaban los conceptos “balcanizar” o “libanizar” como traducción fiel de dividir, caotizar y fragmentar, desde que el pediatra radiotelevisivo fichó para la escudería oficial, hazaña lograda por el entonces poderoso Alberto Fernández, “borocotizarse” es la versión más aceptada de prostituirse, venderse o conchabarse como mercenario.
El diputado Lorenzo, que toda la vida ha sido fiel a su condición de hombre de convicciones y temperamento reaccionarios, fue el legislador número 129, cantidad requerida para que el plenario de Diputados funcione. En un santiamén, el oficialismo votó la orden emanada de Olivos.
Borocotó y Kirchner forman parte de la misma concertación en cuyas filas se anotaron para la ley blanqueadora de capitales ilegalmente exportados, nombres tan significativos como el de Paola Spátola, cuya militancia en el progresismo se fogueó en las trincheras del menemismo primero y en el fenecido partido Recrear, fundado por Ricardo López Murphy, después. El toque académico a la ley blanqueadora lo aportó el sociólogo Francisco Delich, cuya trayectoria arranca en la izquierda cordobesa, sigue en el radicalismo (que lo hizo secretario de Educación), continúa con el siempre pintoresco Luis Juez y ahora lo convierte en camarada de ruta del kirchnerismo.
El espectáculo del Congreso al acatar las órdenes de Olivos fue vomitivo. Los diputados de ARI elegidos en Tierra del Fuego (Leonardo Gorbacz y Nélida Belous) ni siquiera pueden intentar explicar lo sencillamente obsceno, ya que votaron por el blanqueo como única manera de que el Gobierno mande a esa improbable provincia fondos nacionales sin los que no podría vivir. Las órdenes fueron impartidas por Fabiana Ríos, la gobernadora, cuya consigna es “a tragarse todos los sapos, que chocan los planetas”.
La concertación marcha viento en popa, como lo revela el connubio de San Miguel, donde juntaron pasiones e historias, el mascarón de proa de los golpes procesistas de los años ochenta (Rico), con el fósil del setentismo montonero, Kunkel, cuyo ídolo central era y sigue siendo Juan Manuel de Rosas.
Hay concertación y equipo: mientras que son subidos a bordo Borocotó, Spátola y Rico, se meten en las chalupas de salvamento remanentes del kirchnerismo progresista que vivió la ilusión de protagonizar un cambio social.
La ley de blanqueo de capitales, decisión política siniestra que asesina por muchos años la pretensión punitiva de un Estado de poner en vigencia la ciudadanía fiscal, no fue apoyada por legisladores que en la etapa anterior sazonaban con ingredientes de izquierda el estólido discurso oficial, como Miguel Bonasso, Vilma Ibarra y Claudio Lozano.
Sin embargo, Kirchner insiste en que la “concertación” goza de buena salud y por eso agrupará esta semana en La Plata a un variopinto regimiento de seguidores, entre quienes piensa exhibir, con esa tozudez que lo caracteriza, a quienes puedan portar identidad no peronista y tengan cara como para reivindicar una “alianza” con el peronismo gobernante.
No le tiembla la voz al presidente Kirchner cuando reitera su tesis de que “al peronismo hay que ampliarlo con una construcción movimientista”. El problema es que este rejunte ya no puede ser llamado “concertación”, algo que no lo angustia demasiado. “La concertación, o no importa cómo se llame, ya le encontraremos el nombre”, concedió esta semana al contar cabezas de su tropa, agolpado en los elegantes salones del Correo Central.
Como prueba de que la incorporación de Borocotó, Rico y Spátola a la nueva sociedad no lo inquieta en lo más mínimo, Néstor K ha declarado sin pestañear que sigue creyendo “en este proyecto plural. Inclusive con aquellos que no piensan del todo como nosotros. No creemos en el sectarismo y los iluminados. La construcción de la Argentina no se hace sólo con un partido”.
La frase tiene rulos interesantes: “Los que no piensan del todo como nosotros”, advirtió, como para que se entienda que Julio Cobos es Satanás, pese a ser un vicepresidente extravagantemente eyectado al ostracismo y a que su proscriptor alegue no ser sectario.
Por otra parte, mientras se le desflecan sin pausa sus vestigios más combativos, el Gobierno no desatiende en ningún momento su técnica habitual. Tras la salida de Libres del Sur, un movimiento de orientación progresista que disponía de cargos en el Gobierno, la residencia de Olivos colocó a Juan Pablo O’Dezaille, del Frente Transversal de Edgardo Depetri, como subsecretario de “capacitación popular”, en el Ministerio de Desarrollo Social de Alicia Kirchner.
Es notable que Néstor K reformule en el platense Teatro Argentino una concertación (o “no importa cómo se llame”) destinada a ser continuidad de lo que él acaudilló hace dos años, cuando allí mismo lanzó su inolvidable consigna “Cristina, Cobos y yo”.
A Cobos, según confesión del presidente (¿algún valiente puede acaso llamarlo “ex” en serio?), se lo “puso” Néstor a Cristina. ¿Nuevas consignas, entonces? ¿Por qué no? Por ejemplo: “Cristina, Borocotó y vos”. En último análisis, esa también es una concertación “plural”. Y eso es lo importante, que sea blanca y plural.
De cualquier manera, lo relevante de este mecanismo de compraventa tan clamorosamente blanqueado ante la sociedad es que, entre quienes provienen de estirpes, culturas y trayectorias diversas, el Gobierno pueda seguir arrojando la red para llevarse buena pesca con tan magra carnada. Claro que se van por izquierda e ingresan por derecha. El Rico kirchnerista es pesadillesco, un ladrillo de bosta necesario, como lo justificó el todoterreno Luis D’Elía.
Desencantada hasta el tuétano, en la Argentina siempre hay clientes ávidos para ofertas de temporada, gente astuta y realista que acomoda sus historias a “lo que hay”, con destreza y esmero.
Por eso, porque no se ha corporizado un basamento insobornable y consistente en el que se integren ideas, proyectos y conductas vacunadas contra el copamiento serial hecho desde el poder con quienes exhiben columnas dorsales de goma, el desaforado pragmatismo de la residencia de Olivos seguirá conduciendo al país, sin adversarios que lo inquieten.
Los Kirchner no son el problema principal, son sólo el síntoma.Perfil

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