jueves, 13 de noviembre de 2008

PRISIONEROS.............

NotiAR - 13-Nov-08 - Opinión
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Prisioneros de un proceso "colectivo"
Por Carlos Berro Madero

“Cada ser humano tiene sus necesidades, pero si se “porta bien” y se “adapta”, puede participar del “poder colectivo”. Al mismo tiempo dicha “colectividad” extiende su poder sobre él, aumentando sus demandas en forma creciente , e imponiéndole simultáneamente exigencias de conformidad a sus reglas.

Resulta así que cada uno termina comprometiéndose más con la “ilusión” de dicho poder EN RELACIÓN DIRECTA AL MODO EN QUE DEJA HIPOTECAR SU ESPERANZA Y SU PROPIA LIBERTAD.” - Thomas Merton

La reflexión que antecede nos advierte que la capacidad de creatividad política “liberada” ha quedado en desuso, porque se halla prisionera de un proceso constituido por el omnipresente “poder colectivo”. Un poder que es de todos y de nadie al mismo tiempo.

Es la dialéctica de la que se nutren quienes detentan el poder temporal “efectivo”.

Es por eso que algunas sociedades retornan en forma recurrente a la oscuridad embrionaria y su “pertenencia” a ella resulta un candado inviolable del que resulta imposible zafarse.

Cada vez que la sociedad Argentina repite sus errores y apuesta a “reconvertir” procesos que ya han fracasado, denota su extrema dependencia de un sentimiento que parece ofrecer como única panacea el llegar a ser parte de dicho “poder colectivo”.

Se ahoga en él la independencia del criterio individual, para consagrarla a fines que encierran una verdadera esclavitud del pensamiento.

En algún momento se lo ha definido como el “realismo mágico prepotente”; pero es mucho más que eso. Se trata del aborto de nuestra capacidad natural y espontánea para sostener diferencias.

No existe duda alguna que todas las cosas tienen un momento de gestación; pero a partir de él, debería aceptarse que hay un tiempo para nacer. Salir del vientre espiritual y constituir una realidad madura.

Los ciudadanos libres no se plantean con la debida profundidad estas cuestiones, porque los gobiernos se presentan indefectiblemente como los únicos intérpretes del sentimiento colectivo. Lo que debe hacerse “en nombre y para el bien de todos”. Los eternos “postergados”, a quienes se les propinará el mismo discurso apenas dejen de serlo: “corsi e ricorsi”.

¿Es razonable suponer que un sentimiento colectivo pueda estar siempre en gestación y no terminar nunca de nacer? ¿No constituye ésto una forma de esclavitud como ya hemos dicho?
Abstracciones como “responsabilidad social”, “vida plena”, “avance hacia la integración”, “enfrentamiento con la pobreza”, “superar la ignorancia y el error”, “compensaciones necesarias”, “funciones naturales”, “liberación personal”, “angustia universal”, “el hambre de todos”, “el poder del error”, integran los discursos políticos a los que todos adscriben con unción de adolescentes, sin detenerse a discriminar mayormente su significado.

Berenguer, el personaje de “Rinoceronte”, la famosa obra de Eugene Ionesco, representa al ser humano abandonado que llega a convertirse en miembro de una sociedad que cambia a los ciudadanos y los convierte en réplicas de sí mismos. Verdaderos monstruos deformes que terminan por trocarse en una manada de cuadrúpedos.

En realidad, ¿no lo somos ya?

Dice Ionesco al respecto: “El hombre universal y moderno es el hombre precipitado, un hombre que no tiene tiempo, QUE ES PRISIONERO DE LAS NECESIDADES QUE LE IMPONEN; que no puede entender que una cosa podría quizá no tener utilidad alguna; ni comprende que, en el fondo, ES LO ÚTIL LO QUE QUIZÁ SEA UNA CARGA INÚTIL Y ABRUMADORA.”

En estos días de intensos debates, de furias y venganzas, de poca luz y mucha oscuridad, deberíamos volver a plantearnos estos dilemas que nos acechan y nos convierten en prisioneros de un proceso que no tiene fin: la gestación de algo que no termina nunca de nacer y termina esclavizando a todos.

Finalmente, permítasenos terminar estas líneas con otra frase de Merton, por demás elocuente: “Antes de tratar de decidir lo que esperamos, asegurémonos de no haber renunciado a la esperanza. O si estamos demasiado atareados en preparar un camino que, si pensáramos bien, nunca deberíamos recorrer, a fin de evitar nuestra destrucción como ciudadanos libres e individualmente diferentes.”

carlosberro@ arnet.com. ar

Gentileza en exclusiva para NOTIAR

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