jueves, 6 de marzo de 2008

MORIR DOS VECES

La hora de la canalla...

MORIR DOS VECES

“De dónde viene, no lo se. Pero adónde va puedo
decíroslo: va al infierno”. A. Dumas.

Está más allá del propósito de este artículo analizar el extraño (y trágico para el País) fenómeno del peronismo, del que trataremos de hacer una breve reseña para mejor comprensión de lo que viene más adelante en este mismo trabajo, habida cuenta que posibilitó la llegada al poder de personajes de la laya de Menem, Eduardo Duhalde y Kirchner, amén de otros de menor cuantía pero con igual poder mortífero a la hora de destruir a la República.
Perón fue un individuo de innegables condiciones de líder, que movilizó a las masas ejerciendo sobre ellas un férreo control imposible de explicar para las mentes lógicas, tómese en cuenta de que –aún hoy- bastó solamente una advertencia... “no jodan con Perón” (sic), aparecida en los muros de toda la Capital para frenar la pretendida ofensiva del conocido dúo dramático gobierno / variopintas entidades de derechos humanos sobre lo actuado por las tres A (Alianza Anticomunista Argentina), cuya creación habría sido decisión del líder en una famosa reunión secreta tras el asesinato del secretario general de la CG T –Rucci- perpetrado por la organización delictiva terrorista Montoneros, en un fallido intento (reconocido por el hoy devenido moralista e implacable inquisidor Bonasso) de presionar al general, demostrando de esta forma lo poco que lo conocían.
Como quiera que sea, Perón se valió de un engendro temporario llamado Partido Laborista (liderado en apariencia por el entonces famoso Cipriano Reyes, quien recibió –a guisa de agradecimiento- persecución, tortura y cárcel) para captar el voto popular conservador (ése era el verdadero partido de orillas, liderado por una elite que con mayores o menores variantes había sido artífice del milagro de este País, desde Roca y a pesar de los breves interregnos de gobiernos radicales), para acceder al poder.
Eran tan grandes las reservas y tan favorables las circunstancias mundiales (recuérdese que Perón asumió en 1946, es decir en la inmediata posguerra) que fueron necesarios casi 10 años de ordalía disfrazada de prosperidad (caramba... que coincidencia, tiene un sospechoso tufillo actual) para terminar con nuestros sueños de Nación del primer mundo.
Le sobraba de todo, pero le faltaba grandeza y estatura de hombre de Estado. Esa es la verdadera historia y antes de que algún despistado de los que nunca faltan comience a vomitar improperios, recuerde (y si no lo vivió, pregunte) como llegamos a comer pan y azúcar negros, quién quemó la bandera nacional, la biblioteca del Jockey Club y los templos y demás lindezas en las que desembocó aquel régimen nefasto.
Derrocado por el golpe de 1955, permaneció en el exilio hasta 1973, año en que retornó al País y en el que la fórmula Perón – Isabel Perón fue consagrada por el 62 % de los votos, demostrando en forma palmaria que los argentinos no habían aprendido nada y apostaban –como siempre lo siguen haciendo- al milagro que nunca se produjo ni se producirá.
Recuérdese que –por aquel entonces- el País estaba desgarrado por una declarada guerra civil, entre bandas subversivas de izquierda (ERP, Montoneros y otras menores) y el poder elegido democráticamente por el pueblo. Este concepto es de la mayor importancia, dado que las mencionadas “orgas” agredieron a la Nación por las armas para imponer la llamada “patria socialista”, novedosa reedición de un sistema que costó a la humanidad –y eso a partir de 1917- más de 100 millones de muertos.
La lucha no cesó sino que se intensificó y Perón murió por primera vez el 1º de julio de 1974, sucediéndolo su esposa Isabel cuya desastrosa gestión culminó con el resultado que todos conocemos, el golpe de Estado de 1976.
El llamado Proceso de Reorganización Nacional fracasó en el intento propuesto y –en la opinión de quien esto escribe- cometió groseros errores en lo económico y político, amén de la errada metodología de la lucha antisubversiva, que había sido decisión y orden del gobierno democrático y que dejó (como todo lo mal actuado) todas las puertas abiertas para que se colaran por ellas cosas lamentablemente ciertas y también groseras deformaciones de la verdad que hoy más que nunca, contribuyen a la versión oficial (y hemipléjica) de lo ocurrido en ese período.
Se sucedieron varios en el sillón de Rivadavia (es el mueble que me da más lástima... lo ocupó cada trasero...) y por obra y gracia del último de ellos (Duhalde, no su trasero) entronizamos al imposible de calificar pingüino quien, a su vez y por no ser menos, designó –dedoKracia mediante- a nuestra actual Presidente, la inefable Kristina, cuyo desempeño en sus tres primeros meses de gobierno (se cumplen en estos días) analizaremos en otro artículo... pifias grotescas, nada más.
Pero volvamos por un instante a la figura de nuestro querido Néstor quien –según informes de su cacareada (y mentida) militancia heroica de aquellos años de plomo- estaba en las antípodas del movimiento justicialista y era denodado partidario de los “inocentes jóvenes idealistas”. Si así fue, el General lo echó a él también de la plaza y lo llamó (a él y a los otros) “imberbes” e “imbéciles”.
Siguiendo el análisis impecable de un distinguido escriba los partidos políticos se fundan con el objeto de alcanzar el poder, con sanas o enfermas intenciones.
En nuestro mundo al revés los actuales poseedores del poder se aprestan a adueñarse del justicialismo (es decir del partido al que dicen descaradamente pertenecer) desde el poder y después de haber –en la práctico- descuartizado el cadáver de la UCR
Como en la versión moral moderna las ideas no se matan sino que se compran y manejo de caja mediante (toda la torta, en lunfardo básico) los otrora paladines de la democracia de todo pelaje se pasan en desbandada, con armas y bagajes, al bando de K y éste está haciendo realidad su sueño de poder hegemónico, peligro sobre el que advertimos tantas veces.
Aun aquellos que aparentaron ser oposición –y que tomados como tal por el inocente electorado fueron votados por millones- han hecho uso de la práctica camiseta reversible y... pito catalán a los crédulos.
Hoy, en una Nación otrora ejemplo para el mundo y en la que Kristina reina pero –aparentemente- no gobierna, en la que se avizora ya el gran desastre, primero económico a nivel de Juan Pueblo y a partir de éste la debacle total, el líder y sus secuaces (claque sería más exacto, ya que allí el único que manda es él) se aprestan a matar a Perón nuevamente.
Curiosamente, aquellos a los que el general echó de la Plaza de Mayo lo enterrarán por segunda vez y -a partir de esto- toda mención del Movimiento Justicialista será solamente una forma ficticia y una mera excusa disfrazada de militancia para trepar a cargos, “honores”, dignidades y otras menudencias que –hoy por hoy- forman el todo y la única razón de ser de la actividad política.

Justo Pastor AYARZA.

No hay comentarios:

Windows Live Messenger campaign