Más latinoamericana que nunca
Así dice que se siente nuestra Presidente.
¿Es posible que aún esté “embargada” por la emoción que arrastra desde que los camioneros de Moyano le hicieron un homenaje tan obsecuente hace pocos días, con obsequio de gorrito incluido?
Por Carlos Berro Madero
Ya teníamos bastante con su discurso de inauguración de sesiones del Congreso argentino. Ahora nos agrega un eslabón más a su cadena de emotividades francamente alarmantes.
Sobre todo por el marco que eligió para decirlo: en medio de los bombos y platillos que le preparó el dueño de nuestro FMI, el coronel bolivariano que marcha al siglo XXI seguido de sus incansables aplaudidores con casacas rojas made in China (a quienes pronto habrá que hacerles un transplante de piel en las palmas de sus manos).
¿Qué fue a hacer CFK a Venezuela?
¿Necesita acaso fuel oil para eludir apagones energéticos en ciernes, debido a la testarudez con que se han enfocado las políticas del área?
¿Quiere pavonearse en el único ámbito del mundo adonde la pueden tratar hoy como una reina y decirle las tonterías que solamente pueden salir de una boca sin filtro alguno como la de Hugo Chávez?
Porque, ¿Qué otra cosa puede ser sino latinoamericana? Que sepamos nació en Tolosa, provincia de Buenos Aires. No creo que a los allí nacidos se los considere europeos, o malayos, o estadounidenses.
¿Necesitaba el balcón que Buenos Aires le niega?
No hay duda que hay muchos émulos de Galtieri, como dice sagazmente el embajador Andrés Cisneros de Hugo Chávez. El otro parecería ser este tándem bicéfalo que nos gobierna constituido por Néstor y Cristina K. Esto lo decimos nosotros.
Volvemos a insistir como aquél: “que venga el principito”. Aunque por el momento, ni Condoleezza Rice lo hará. Su vuelo aéreo será directo entre Brasil y Chile. Quizá mire por la ventanilla del avión los bosques de Ezeiza, diciéndose a sí misma cuánta riqueza desperdiciada.
¡Qué lástima que no podamos apurar las manecillas del reloj del tiempo y apurar más rápidamente la era Kirchner!
¡Cuánta banalidad! ¡Qué monumento permanente a la cursilería!
¿Cómo es posible que algunos adictos nos digan que admiran a la señora Kirchner porque pueda hablar una hora y media sin leer?
Para lo que dice, no hace falta libreto. Si uno repasa sus palabras, no hay nada en ellas que pueda provocar ningún sentimiento de admiración: no hace más que recitar –como siempre-, el manual que los cónyuges K y su prensa adicta han recreado: un refrito de confusas frases épicas, acompañadas de un desconocimiento supino de la realidad que han provocado: una inflación y una inseguridad que en cuanto nos descuidemos nos levantarán por el aire como un globo inflado, que vaya a saber dónde nos deja al aterrizar.
Salga Ud. a la calle y vea cuánto le cuesta hoy vivir como hace un año. Observe atentamente cómo avanzan los gremios y los piqueteros sobre la vida de todos los días. Prepárese para las próximas fantochadas callejeras.
¡Qué lindos gorritos tienen los camioneros! ¡Qué lindas camperas las de Moyano! Todas con el emblema del caballito RL que ninguno de los habitantes de Villa Celina ó Ringuelet podrán comprarse jamás, como lo hace este “jefe” de los trabajadores que se desplaza en autos importados con vidrios antibala.
¡Qué linda esta “pareja real” que no quiere decirnos dónde están los fondos de Santa Cruz, que indica en su declaración jurada de ganancias haberse enriquecido en un año mediante cifras que no resisten el menor análisis, que no vacila en alimentar mastines como el señor Moreno para amenazar y morder a los empresarios que no le son adictos y sigue avanzando, sin pausa y mucha prisa, por el camino de la impunidad y la corrupción sin castigo!
Y por si fuéramos pocos, ahora “parió mi abuela” como dicen las comadronas.
La señora Presidente comenzó a sentar base en el tema de Colombia.
Sin la simpática camisa “Columbia” Made in USA de Néstor, cuando el tiempo de los rehenes (¿recuerdan?), perorando a diestra y siniestra, -Yolanda Pulecio, la senadora colombiana Córdoba del gran turbante musulmán (gran “amiga” de Chávez que no esquiva cámara de televisión)-, y superponiéndose a lo que deben resolver los organismos internacionales creados al efecto.
¡Pobre Cristina! Ha debido levantarse a las 2 de la madrugada para recibir a Correa. ¡Cuántas siestas deberá dormir en Olivos cuando vuelva, para reponerse! Habrá que ver si no le resta tiempo para maquillarse convenientemente para la reunión de Santo Domingo, y tenga que presentarse allí de muy mal humor por ello. No desearíamos estar cerca para comprobarlo.
Nosotros, mientras tanto, le pedimos desde aquí, encarecidamente, que no comprometa más el prestigio de nuestro vapuleado país. Que para eso existe la OEA, con gente infinitamente más capacitada. Con diplomáticos que leen lo que van a decir en sus ponencias públicas, para no ir y volver sobre los mismos temas, repitiendo palabras que no existen en el diccionario de la lengua castellana.
El problema es entre Ecuador y Colombia. Ni Chávez ni Argentina tienen vela en este entierro. O sí, la tienen, pero a través de los canales apropiados, como ya hemos dicho.
Ya está bien. Sabemos que conocen cómo mover valijas a través de las fronteras. Pero éste es un problema de algo más de 800.000 dólares. Va en juego la paz en Latinoamérica. Y no puede quedar en manos de quienes como los K son el emblema del arte guerrero. No en vano nos han enfrentado a los argentinos como nunca antes, implantando las costumbres de los malos tratos y la prepotencia.
No creemos saludable que sigamos quedando siempre a expensas y merced de los papelones de nuestros Clark Kent (Superman) y Luisa Lane (léase NK y CFK) vernáculos.
¡Basta de abrazos con lenguaraces trasnochados de aquí y de otros países!
Establezcamos relaciones de “complementaridad” (Cristina dixit), con otros países que también nos pueden comprar nuestros productos, vendiéndonos lo que hace falta.
Aunque claro está, en este caso se tratarán de operaciones “transparentes”, sin ninguna relación con las poco informadas y peor distribuidas que las que se celebran con el gobierno de un país como Venezuela, que tiene muchas cuentas pendientes con el dictador democrático Chávez Frías.
Alguna vez se terminará este ciclo perverso de engaños e ineficiencia, de gestos equívocos, de marchas y contramarchas, de tolerancia de la impunidad; y no queremos que nos dejen, ella, su marido y sus amigos, “con el traste al viento”, como dice el paisano.
Ya nos ha pasado hace muy poco tiempo. Y todavía nos duele.
¿O acaso Menem y Duhalde fueron gobernantes del siglo XVIII?
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